LLÁMALAS POR SU NOMBRE: DEFICIENCIA, DISCAPACIDAD, MINUSVALÍA.
Imagínate que un día tropiezas y sufres un pequeño esguince en el tobillo. No te preocupes, no ha sido grave y en una semana estarás curado/a (pero piensa en el 9% de la población española con alguna discapacidad permanente). Hasta entonces, como consecuencia de tu tropiezo, tendrás:
DEFICIENCIA: pérdida de una función psicológica, fisiológica o anatómica. En tu caso, no cuentes con tu pie durante una semana.
DISCAPACIDAD: restricción o ausencia de la capacidad de realizar una actividad dentro de un margen que se considera normal. Es decir, no podrás andar. Pero podrás ir en silla de ruedas.
MINUSVALÍA: situación social desventajosa para alguien, consecuencia de una deficiencia o de una discapacidad. Si tus amigos han decidido visitar el Castillo de los Templarios de Ponferrada, tú tendrás que esperar en la puerta (si es que has sido capaz de salir de casa y de llegar hasta allí con tu silla de ruedas). ¡El entorno se pone en tu contra!
Afortunadamente, las terminologías que utilizamos para referirnos a personas con discapacidad han evolucionado con el tiempo, aunque el problema de la terminología reside, más que en el vocablo, en el uso que de él se hace. Algunas recomendaciones para hablar con corrección son estas:
Referido a personas con limitaciones psíquicas, no debemos decir: oligofrénico, débil mental, disminuido, retardado en el desarrollo, deficiente intelectual, subnormal, deficiente mental, retrasado mental... Actualmente la denominación más adecuada es personas con discapacidad psíquica.
Referido a personas con limitaciones físicas o sensoriales, no debemos usar: lisiados, tullidos, impedidos, paralíticos, inválidos, desvalidos, mutilados, disminuidos, incapacitados, sordomudos... Lo más adecuado es personas con discapacidad física o sensorial, esta última puede ser auditiva o visual. (Por lo general, las personas sordas tienen las cuerdas vocales en perfecto estado, así que no se les debe llamar sordomudas).
En mayor o menor medida, todos tenemos problemas de adaptación al entorno. Pero con diseños adecuados, el entorno puede elevar enormemente nuestra calidad de vida. Es tarea de todos mejorar nuestro entorno social, y podemos empezar llamando a las cosas por su nombre.


